Mi Opinión

17 octubre, 2006

FECH

Agradezco muy sinceramente a mi jefatura de bancada, me haya confiado el honor de representarlos en este homenaje a la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, en este Centenario.


No tengo más titulo para ello, que el haber estudiado en la Universidad de Chile, más exactamente en la Facultad de Derecho. Soy un agradecido de dicha posibilidad, más todavía si venia de un mundo familiar y escolar que casi naturalmente me conducía a la otra gran universidad chilena.

Los estudiantes de mediados de la década del 70, pertenecíamos a una Universidad cautiva, como toda la sociedad en aquella época, sin espacios de libertad de opinión, de información, de investigación, donde el pensamiento libre, intentaba ser sustituído por una verdad oficial. ¿Donde más que la casa de Bello, se podía sentir esa falta de aire, en definitiva esa ausencia de universidad en el sentido más profundo del concepto?


Así, aún en esas condiciones, muchos jóvenes universitarios se incentivan en la lucha cotidiana por recuperar espacios, sobre la base de la rica historia de la federación de estudiantes, interrumpida, como tantas otras instituciones en Septiembre del 73. Cuestiones menores miradas retrospectivamente, en aquellos años constituyen, para nosotros hitos sustánciales; un breve acto con solidaridad con el pueblo Nicaragüense, un acto público en el hall central de protesta por la expulsión de un profesor, porque no era afín al régimen, una marcha en contra de la violación de los DDHH, que campeaba en aquellos años, la creación de la Agrupación Cultural Universitaria, uno de cuyos fundadores es el actual Diputado Gabriel Ascencio, la elección democrática de delegados de curso al consejo de la facultad, el haber puesto como nombre a un equipo de football, para una competencia interna de “Ni pega, Ni junta”, mensaje subliminal descubierto por el decanato después de un mes de figura en una visible pizarra, que daba cuenta del resultado del campeonato, eran pequeñas victorias, que poco a poco contribuyeron a que los estudiantes recuperaran su espacio histórico y natural, recuperar la FECH a comienzos de los 80, aquí esta el estudiante de derecho, de esa época, Yerko Ljubetic, a quien le correspondió encabezar, esa tarea. Ninguno de los intentos del régimen, para crear una organización oficial, no democrática, tuvieron éxito, más allá que algunos estudiantes de la época se hubieran prestado para tan incomoda, y poco digna tarea.

Cuento esta breve historia, pues como actor muy secundario fue lo que me tocó vivir, y fue la contribución de mi generación, a la fech del ayer, de hoy y mañana, aquí en este hemiciclo hay actores relevantes de esa generación, y por cierto a otros que más tarde ocuparon altas responsabilidades.


Sí homenajeamos a la federación es necesariamente detenerse en la historia de la patria.


Elegir momentos en que la federación, su historia, se entrecruza con la historia de Chile, no es fácil, pues son múltiples, y no resultaría fácil, por una cuestión de tiempo, y de destacar unos, para omitir otros.


Sin embargo al preparar estas palabras, buscando en Internet, me encontré, con el documento de Darío Oses “Los estudiantes entran en la historia”, que nos relata, él, a su juicio el origen del movimiento estudiantil.

El movimiento estudiantil nace en Chile como consecuencia de una epidemia de peste bubónica. La misma pandemia apocalíptica, que exterminó a la tercera parte de la población europea durante la Edad Media, llegó a comienzos del Siglo XIX a las provincias del norte del país. Allí causó estragos que si bien no fueron tan enormes como los del medioevo, no dejaron de ser considerables.

Una vez más, como había ocurrido cuando se declaraban las grandes epidemias de cólera, tifus y fiebre amarilla, los estudiantes de la facultad de Medicina de la Universidad de Chile, fueron a atender a los enfermos, en hospitales y lazaretos, poniendo en riesgo sus propias vidas. Esta vez también hubo un mártir: el joven Marcos Macuada sucumbió al contagio.


Homenaje bochornoso

Cuando regresaron los estudiantes y para premiar su abnegación, el gobierno organizó una velada de homenaje a ellos en el Teatro Municipal. Al asignar las ubicaciones las autoridades, diplomáticos y figurones surtidos coparon la platea, los palcos y todas las buenas ubicaciones. Se olvidaron de los homenajeados que quedaron relegados a las galerías. Esto desde luego los molestó, y cuando empezaron a llamarlos para entregarles los diplomas y medallas, se negaron a bajar al escenario a recibirlos.

La amplificación de ese gesto de rebeldía llevó a la organización de la Federación de Estudiantes de Chile, Fech, que tendría una importante gravitación en la política nacional..

La Fech nace con un sello de inconformismo frente a la oligarquía y contra los vicios y la retórica de la República parlamentaria impuesta con el triunfo del bando congresista en la guerra civil de 1891. Desde sus primeros años, muestra una vocación contestataria, librepensadora, anticlerical y crítica de la sociedad apoltronada y satisfecha de si misma, de principios del siglo XX.


Hay aquí, en este hecho muy sucintamente relatado, dos improntas que han marcado, indeleblemente, a la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile; vocación de servicio, entrega a los más carenciados, la historia más reciente singulariza diversos hechos de compromiso universitario en causas sociales, en momentos duros de la Patria, pero también; hay un sello de rebeldía frente al conformismo y las malas practicas, que también acompañaría la historia del movimiento universitario, tanto de nuestra casa de estudio, como de otras federaciones que fueron surgiendo.


Es cierto que la década recién pasada hubo claros signos de agotamiento, a lo menos desde la mirada de un profesional ya egresado hace tiempo, el individualismo imperante, el surgimiento de otros movimientos de alta convocatoria, un reproche a veces facilista, a la actividad política, fueron quizás causalidades habilitantes de la consecuencia descrita.


Sin embargo, los últimos años renuevan las esperanzas, pues las más recientes conducciones, se ven claramente comprometidas en intentar recuperar aquel rol preponderante en el devenir de la Patria, saludamos el naciente esfuerzo, consistente y valioso.

Al terminar estas palabras, un saludo agradecido a todos quienes, en distintas épocas condujeron la FECH, y que se encuentran en las tribunas, y si me lo permiten a algunos, en particular un saludo en la fraternidad democratacristiana.


Juventud Chilena Adelante.

La Selección Chilena

Y Alfieri seguirá soñando con la foto del asombro, así titulaba el gráfico en su edición Nº 2960 del 30 de junio de hace 30 años, a propósito de la jubilación de su fotógrafo más emblemático, varias veces citado, en el libro que hoy comentamos.

Muy probablemente en el titular traído a la colación, esta la mano de Héctor Vega Onesíme, esa pluma que gusta de rescatar, aún en una frase, el aspecto humano del actor, esa pluma que se esmera en permitir al lector, entender el mensaje, rescatar aún desde el dolor, desde las miserias humanas, una lección, una esperanza, o como nos recuerda Héctor en un artículo para la revista Mensaje, a propósito de “lo trascendente”, ahora hace muy poco, en junio del 2006, indagando en el gran Jorge Luis Borges; “en todo casual encuentro una cita, en toda humillación una penitencia, en todo fracaso una misteriosa victoria”.

Elegí dos momentos del trabajo periodístico de Héctor Vega Onesíme, 30 años entre uno y otro, diferentes, muy diferentes, pero una matriz común, creatividad y un talante optimista, de esperanza en el ser humano, de fé en su actuar.

En los diversos testimonios que recoge el libro, viene uno de Fernando Carvallo, que de inmediato me trajo recuerdos personales, al igual que Fernando, unos años después, fui lector del gráfico desde comienzos de los 70, también escuchaba por onda corta las radios argentinas y destinaba tiempo en repetir alineaciones. Si tenía dos marcadas diferencias con quien da este testimonio, a Fernando lo acompañaba su Padre en esa pasión, en mi caso mi Padre miraba con cierto horror mi destino, la otra diferencia, yo era más bien un teórico del football, pues a la hora de jugar era más entusiasmo que calidad. Quien hace los recuerdos de Héctor, ha sido uno de los jugadores más dotados técnicamente que ha dado el football chileno.

La Selección Chilena, como su nombre lo indica, se refiere esencialmente a lo que ha sido el paso profesional de Vega Onesíme, por esta tierra, sin embargo, como es natural esa historia esta cruzada por su nacionalidad y por su muy notable expedición en la prensa deportiva argentina.

Debo reconocer que para este inusual comentarista de un libro de naturaleza y esencia deportiva, es más fácil ver al autor desde esa etapa de su vida profesional. Como les contaba, leía el gráfico, antes semanalmente, ahora mensualmente, desde comienzos de los 70, entonces pude ir viendo como Vega Onesíme, iba subiendo, en los créditos que cada edición de la revista traía en la 1° página, hasta llegar a la dirección del semanario.

Es cierto que como lector de la revista, siempre tenía la secreta esperanza de encontrar alguna nota relacionada con el deporte chileno, esperanzas muy pocas veces consumada, es cierto también que me sabía al detalle que Gatti salió de River, para dar paso a Hugo Carballo, pero que este jamás se consolidó, como años más tarde lo hacía en la U, y siempre en River debía alternar con Perico Pérez y Barisio, mi Padre seguía mirando con horror tanta sabiduría.

Pero más que todo lo anterior con los años fui dimensionando el valor de un gran semanario deportivo, que a los futboleros, de manera prolija y entretenida, nos ponía al día en un mundo, sin Fox, sin ESPN, sin Internet. En esa construcción periodística Héctor cumplió un rol esencial.

Debo reconocer que la etapa chilena, la he descubierto, en mucho de sus aspectos, en sus éxitos, en sus fracasos con ocasión de la lectura del libro. Desde luego su paso por La Nación me lo salté, no por él, ni el muy brillante equipo que comandó. Sucede que para mí en esa época, joven dirigente político, era duro comprar el vocero oficial de la dictadura, debo reconocer, que aún en democracia, me sigue costando comprar ese diario.

Sin duda “Selección Chilena” permite, a lo menos para mí, rescatar una parte ignota, de una notable labor profesional, más bien me arrepiento de haberme saltado esa etapa, que tal como se relata, fue una gran escuela para muchos que hoy marcan el periodismo deportivo, donde por cierto la capacidad profesional del autor estuvo omnipresente.

Leí con entusiasmo el fin de semana el libro, tal vez por aquello sea necesario madurar un poco más el análisis definitivo, me queda una sensación, hay allí un dejo de dolor por la imposibilidad de no haber podido construir, en la experiencia chilena, una carta de navegación más de largo plazo, una impronta permanente, como aquella del gráfico, hubo oportunidades, pero todas se interrumpieron, las causas de eso se insinúan tenuemente, lo que deja al lector en una amplia gama de interpretaciones, yo aún no tengo la mía, quizás esa interrogante sin una respuesta univoca tal vez justifique un nuevo libro

Recomiendo su lectura, entretiene, hace pensar y elucubrar.

13 octubre, 2006

La Hora Azul y Nieve


Se trata del titulo de 2 novelas, las ultimas que he leído, la Hora Azul (nada tiene que ver con la situación que vive la gloriosa U), la terminé de leer hace un par de horas, me demoré 3 tediosos viajes a Valparaíso, ida y vuelta, seis horas aprox. Aprovechando que durante este año tengo un amable conductor de la Cámara de Diputados, en mi condición transitoria de Vicepresidente de la Cámara, o de la Corporación como algunos suelen decir, he descubierto que en vez de leer diarios, la literatura es una mejor alternativa para dichos repetidos viajes


La Hora azul, es de Alonso Cueto, un escritor peruano conocido para muchos desconocido para mí, hasta que el sábado pasado, un muy amable librero, a cargo de la librería “Que leo”, en calle las Urbinas de Providencia me lo recomendó.


Gran recomendación, pues me pareció una muy notable novela que desde una ventana personal relata parte de la reciente historia del país del norte. Los desencuentros de una sociedad fracturada por la violencia, por las profundas diferencias sociales y étnicas, el autor tiene tiempo para describir la pasión, el amor, la generosidad, en un ambiente a veces sórdido, en que los girones de una brutal lucha entre terrorismo y represión, aún persisten y cruzan las relaciones individuales y colectivas.



Nieve, es una notable novela de Pamuk, desde ayer Premio Nobel de Literatura 2006, Autor turco.

No me deja de alegrar haber leído al Nobel, antes del premio, cuestión que no me pasa muy seguido. Nieve también llego a mis manos por recomendación del dueño o encargado de la librería “Ulises”, muy cercana a “Que leo”, en Andrés de Fuenzalida. En ese sector de Providencia, a las más antiguas Altamira y Feria Chilena del libro, se han unido 3 ó 4 librerías surtidas y entretenidas, a parte de bien atendidas, un sábado en la mañana, con un café previo o posterior, se ha convertido en una entretenida alternativa, ahora si vas en bicicleta (hay donde guardarlas) mejor todavía.


Volvamos a Nieve, profunda novela que desarrolla su trama, sobre las dificultades de encuentro de 2 mundos que conviven en Turquía, el mundo islámico, y aquel que rescata raíces occidentales. A partir del regreso de un exiliado turco en Alemania, a su país, en búsqueda del amor de siempre, el lector se introduce en una sociedad maravillosa, poética y dura a la vez. Para quienes, como yo desconocemos esa realidad, la novela constituye un instrumento cautivante, que permite conocer, aunque sea relativamente, una realidad distinta, dramática y rica.


Entre la hora azul y nieve, hay similitudes, pues a partir de un relato personalísimo, fundado en las soledades de la figura central, se descubren historias colectivas y desarrollos sociales notables.

Como los libreros de providencia, recomiendo su lectura.

02 octubre, 2006

Trabajando para Un Techo para Chile



María, Manuel, Felipe y algunos otros,


El fin de semana, recibí un gran regalo, me invitó “Un techo para Chile”, ha construir mediaguas, en un sector de la comuna de Colina, a 20 minutos de donde vivo, allí un grupo de 200 familias, al borde del río Colina, luchan por sobrevivir en condiciones de pobreza dura.

María, Manuel, son matrimonio, tienen 2 hijos, un nieto, el hijo hombre estudia pedagogía en una universidad, la hija y el nieto viven con ellos y llevan consigo enfermedades invalidantes, Manuel no tiene trabajo fijo, viven en 2 piezas pequeñas, ahora tienen una tercera más grande, además de una caseta sanitaria en que la red húmeda no funciona.

Pero, Manuel, María, Janis y Moisés, a pesar de todo sonríen y viven con esperanza.

Felipe Berrios el motor de “Un techo para Chile” y miles de jóvenes universitarios, hacen posible esa sonrisa y también hacen posible que quienes a veces no sonreímos, teniéndolo todo, podamos recibir una lección de esperanza, de chilenos que a 20 minutos de nuestras casa, dan una dura lucha por sobrevivir.

Al final de la jornada, María y Manuel nos daban las gracias, la verdad es que la situación es la contraria, nosotros somos los que debemos dar las gracias, por haber tenido esta oportunidad.